Tenerife, tierra de contrastes

Tenerife, la isla insignia del archipiélago canario que presume de tener el punto más alto de España: el Teide, con 3.718 metros. Un volcán que se encuentra en estado latente o dormido y que cualquier día de estos puede volver a la actividad.

Tenerife es una isla pequeña pero a la vez grande; con una gran diversidad de paisajes donde playa y montaña se encuentran a 1h de coche. Una joya geológica dominada por la negra piedra volcánica y por el basalto de diferentes colores, rojos y ocres según su contenido en hierro y su estado de oxidación. Es a su vez un entorno con un gran número de especies endémicas de fauna y flora, que debido a su condición de isla, han podido evolucionar de manera aislada y divergente.

En cuanto al clima, en un mismo día pueden sucederse varias “estaciones” según la vertiente norte o sur de la isla y la altitud: mientras que en la zona de costa tan pronto hace calor como puede levantarse un viento frío, en las zonas más altas un permanente manto de nubes cubre la luz del sol bajando las temperaturas, siendo bastante habitual la imagen del Teide nevado durante los meses de invierno en un día de relativo calor. Por no mencionar la famosa calima, una corriente de aire caliente que arrastra arena desde el Sahara.

Esta peculiaridad es consecuencia del relieve y de la posición geográfica de la isla. Con un clima subtropical (18-25ºC) estable gracias al efecto termorregulador del mar, sus temperaturas son algo más frescas de lo que le correspondería a su latitud, próxima al Trópico de cáncer. Los responsables de esta particularidad son los vientos alisios, que viajan desde el norte del archipiélago hacia el Ecuador arrastrando la humedad del océano, que al encontrarse con la figura del Teide, se queda atrapada en la vertiente septentrional, provocando un gran contraste entre el verde paisaje del norte y el árido paisaje del sur.

En el sur de la isla, de clima más seco, la explotación del turismo y los mastodónticos complejos hoteleros se han comido gran parte del terreno, sin respetar la costa ni la montaña, cargándose la belleza desértica del entorno natural de la isla.

El malpaís, terreno árido dominado por la presencia de roca volcánica desnuda, contiene vegetación de pequeño tamaño entre la que abundan cardones canarios, chumberas, tabaibas, verodes, y macizos de pequeñas hierbas endémicas, en ocasiones con la compañía de balos canarios.

Subiendo por el litoral oeste nos encontramos con los acantilados de los Gigantes y el puerto de Santiago del Teide, una zona de montañas muy escarpadas y con gran desnivel donde se pueden seguir viendo chumberas, tabaibas, bejeques y otras plantas carnosas, que según se va asciendo van dejando paso a las retamas, las cerrajas, al aromático incienso canario y a las pequeñas hierbas. Durante el invierno destaca la belleza de los almendros en flor, plantados por el hombre, que florecen algo antes que sus congéneres peninsulares.

Mientras, en el Norte de la isla el paisaje se torna mucho más verde y los esperpénticos apartamentos turísticos son cambiados por encantadores pueblos de aspecto colonial de sencillas casas con balconadas de madera y paredes pintadas de blanco y otros colores lisos: mostaza, burdeos, cian, etc.

Subiendo hacia el Parque Nacional del Teide, tanto por la cara norte como por la cara sur, un denso bosque de pinos canarios aparece abruptamente, cambiando radicalmente el paisaje con el característico tono limón de sus hojas y su elegante porte columnar; es el llamado Parque Natural de la Corona Forestal. En la cara norte, más húmeda, bajando hacia el Valle de la Orotava se puede observar fácilmente el codeso de cumbre y más abajo, el cambio del pino por la faya y el brezo, que aquí alcanza el porte arbóreo, y algún que otro enebro o cedro canario. No hay que olvidarse de la estrella indiscutible del Teide, el tajinaste rojo; una planta vivaz endémica que florece cada dos años y de una belleza sumamente exótica que parece traída de otro planeta.

tajinaste-rojo

Tajinaste rojo en floración • autor: Francisco Curbelo Rodríguez.

Mención especial merece la reserva de El Pijaral, más conocido como El Bosque Encantado, en el Parque rural de Anaga, para el que se requiere un permiso de acceso. Se trata de un bosque de laurisilva (selva de laurel), considerado un fósil viviente del Cenozoico (hace 60 millones de años) que hoy en día sólo sobrevive en la región de la Macaronesia (Islas Azores, Islas Salvajes de Portugal, Canarias, Madeira y Cabo Verde), gracias a la elevada humedad que arrastran los vientos alisios a esta zona de la isla. Fenómeno que se puede observar de manera física cuando el manto de nubes se desplaza a gran velocidad de norte a sur, tapando y destapando el cielo contínuamente, generando una atmósfera sombría y totalmente mágica.

Un paisaje donde abunda el helecho píjara que da el nombre al bosque, el geranio de monte, el brezo, la faya, el barbusano, el viñátigo, el laurel canario y otros parientes lauráceos de hoja perenne, con los troncos cubiertos por una gruesa capa de líquenes.

Pero no sólo el entorno natural de Tenerife es bello; en las ciudades, la vegetación de las calles no iba a ser menos. Aparte de estar muy cuidadas y muy limpias, abundan las especies exóticas de llamativas flores rojas como el omnipresente flamboyán, el tulípero de Gabón y el árbol paraguas.

También son muy frecuentes los pimenteros falsos, distintas especies de ficus con un tamaño espectacular (nítida, lira, elástica, religiosa), y otros árboles hermosos como el braquiquito o árbol botella, el limpiatubos, la casuarina, el exótico pandano, las prehistóricas araucarias y dos de los endemismos más característicos de la isla presentes tanto en ciudad como en estado silvestre: la palmera canaria y el drago canario. En cuanto a palmeras, también hay una gran variedad: palmera datilera, triangular, cola de zorro y distintas especies de palmeras abanico y palmeras reales… y como no, ¡las extensas plantaciones de plataneras! El símbolo canario por excelencia.

Entre las pequeñas plantas de jardín destacan la cica, el ave del paraíso, el hibisco, la espina de cristo, las tabaibas, los bejeques, el majuestuoso agave cuello de cisne, varias especies de aloe vera y  la buganvilla, con su espectacular color morado que llena las calles de color.

Espero que os haya gustado y os anime a disfrutar y cuidar más de la naturaleza. Ya sea si visitan Tenerife o cualquier otro lugar, por favor, hagan un turismo responsable y no dejen más huellas que las de sus pisadas. Y obtengan los permisos necesarios para visitar las zonas protegidas como El Teide o El Pijaral (¡son gratuitos!).

¡Hasta otra! Os dejo con algunas fotos más del viaje y con varios enlaces de interés:

• Rinconcito Canario: catálogo que he usado de referencia para los enlaces, con fotos de las plantas que se pueden encontrar en Canarias junto a una breve explicación.
• Rinconcito Canario (palmeras): apartado especial sobre palmeras.
• Pisos de vegetación: pdf del Gobierno de Canarias con imágenes de la flora autóctona.
• Gevic: artículo donde explica los condicionantes del clima propio de Canarias.
Tenerife senderos: bog con gran cantidad de rutas explicadas por las dinstintas zonas de la isla.
El cielo de Canarias: página donde comparten fotos del espectacular cielo nocturno de las islas.
• Permiso para acceder al Pijaral: portal para obtener el permiso online.
Ascenso al Teide y permiso: página que detalla la ruta a pie hasta el pico del El Teide y cómo obtener el permiso online.

 

Guardar

Anuncios