Piratas: la versión alternativa de la historia

¡Ahoy, marineros de agua dulce! Puesto que me apasionan la naturaleza, la historia, la ciencia y en resumen, cualquier tipo de conocimiento, hoy me gustaría hablar sobre una temática que a mí siempre me ha fascinado: ¡Piratas!

Como sucede con cualquier ilustre personaje histórico, la imagen de los piratas que tenemos hoy en día está deformada. Entiéndase por piratas, la época dorada de la práctica en el S. XVII.

Todos conocemos la imagen romántica de los piratas: hombres aventureros que iban allá donde el viento les llevara, que vivían en las paradisíacas islas del Nuevo Mundo, que enterraban tesoros, que bebían ron y que contaban fábulas de sirenas y barcos fantasmas. También conocemos la imagen cruel: bandidos despiadados y sin escrúpulos que se dedicaban a matar, saquear, violar, despilfarrar y llevar una vida disoluta y deshonesta.

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John Silver y el Capitán Flint de la siere Black Sails, basada en la novela La Isla del Tesoro.

¿Pero y la versión civilizada de los piratas? De alguna manera sí se nos muestra en la ficción, pero de un modo mucho más tácito: reparto equitativo del botín, compensaciones por mutilación, votación democrática del capitán, etc. Aunque de esto menos se sabe.

¿Entonces cual de todas las versiones es la más cierta? ¿La A, la B o la C? Pues la respuesta correcta siempre es la D: todas las anteriores. Los piratas no eran monstruos. Eran personas, así que algo de civilizados deberían tener. ¡No eran tontos! De hecho se lo montaron muy bien e incluso establecieron comunidades que crecieron y prosperaron, hasta que la situación se hizo tan insostenible para los imperios europeos que arrasaron con todo.

Como toda historia bien contada que se precie, arrojemos algo de contexto a los hechos: Los piratas en su mayoría eran marineros y curritos como cualquiera de nosotros que hartos de una vida precaria donde la monarquía y las altas esferas de las potencias europeos, corruptos hasta el tuétano, se repartían la tarta en sus lujosos y cómodos palacios.

Cansados de partirse el lomo por un salario pésimo, de ser explotados y humillados, se revelaban contra sus circunstancias y optaban por elegir una vida alternativa fuera del sistema. No hay que irse muy lejos para entender una situación semejante: la actualidad.

Puede que éste no fuera siempre el motivo principal. Antiguamente, las historias sobre grandes hazañas y peligrosas aventuras resultaban seductoras y prometedoras de un gran respeto, prestigio y fama histórica. De hecho, muchos nombres han llegado a convertirse en leyenda: Barbanegra, Jack Rackham, Francis Drake, Henry Morgan, e incluso dos mujeres; Anne Bonny y Mary Read.

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Jack Rackham y Anne Bonny en la serie Black Sails.

Por otro lado también estaba la figura del corsario, que era obsequiado con la patente de corso. Dicho de una manera moderna: un pirata funcionario con permiso del gobierno para trolear a los barcos enemigos. El cambio de bando de un lado al otro de la legalidad era bastante habitual por lo que la diferenciación, en la práctica no quedaba nada clara.

Pero bien… Hablemos de las sociedades piratas. Como ya hemos dichos, muchos de ellos eran experimentados marineros que simplemente buscaban otro estilo de vida. Una vida sin prejuicios donde cualquiera podía tener una segunda oportunidad: esclavos negros, fugitivos o simples espíritus aventureros.

Algunos llegaron a fundar importantes ciudades con una agricultura y un comercio propio, que aunque no tenían un gobierno formal, sí se regían por una especie de código o ley verbal que todo hermano respetaba. Es lo que se conoce como una Hermandad.

Dos Hermandades fueron prósperas y conocidas. La Cofradía de los Hermanos de la Costa en Tortuga, un pequeño islote de la actual Haití, y la República de los Corsarios en Nassau, Nueva Providencia (Islas Bahamas), que curiosamente ahora es un destino turístico lleno de resorts.

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Carta náutica del Mar Caribe, el centro neurálgico de la piratería • autor: Shawnbrown.

Subsistían básicamente de los botines que robaban, con los que comerciaban y traficaban con el resto de puertos o naciones, incluso con los mismos reinos europeos de manera clandestina. Eran muy organizados; se encargaban de decidir los botines que robaban y los que no con base en la probabilidad de éxito o de fracaso, y muchas veces pactaban previamente el precio con el comprador. Muy pocas veces los enterraban y escondían; no interesaba, y si lo hacían era temporalmente, para volver más adelante a por ellos cuando fuera más seguro transportarlos.

No eran tan gallardos como se los pinta… eran más bien oportunistas y buenos estrategas. No usaban grandes barcos. Preferían las naves ligeras y rápidas, para atacar de manera sorpresiva. Sus objetivos solían ser pequeños buques mercantes indefensos, que muchas veces no oponían resistencia. Se servían de la fama que les precedía y la bandera negra era un recurso a su favor, que usaban para atemorizar y rendir a las tripulaciones sin necesidad de desenvainar la espada. Los cañones se usaban lo imprescindible, muchas veces con el fin de destrozar el velamen y dejar el barco a la deriva, evitando destrozarlo lo menos posible: el barco también era un valioso botín.

Las tripulaciones elegían democráticamente a su capitán, y en caso de no cumplir con las expectativas, se volvía a convocar elecciones para decidir otro nuevo. Los botines se repartían de manera equitativa entre los tripulantes y el reparto, otra vez más, era fijado previamente. Los marineros mutilados durante el fragor de la batalla eran compensados económicamente por su servicio.

Así pues, ésta era la vida de los piratas. Sociedades muy organizadas donde no existían prejuicios de condición racial, religiosa o moral, que se regían por un gobierno informal y que lograron sobrevivir y prosperar bajo un modo de vida alternativo e independiente.

¡Espero que os haya gustado, grumetes!

Por cierto, las fotografías han sido extraídas de la serie Black Sails, que consta de 4 temporadas donde se narra la historia del Capitán Flint y John Silver veinte años antes de la novela La Isla del Tesoro cuando consiguen su preciado botín, mezclada con la historia de piratas reales del pasado como Jack Rackham o Charles Vane.

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